Felipe Aljure
Director Artístico

Felipe Aljure es uno de los referentes de la cinematografía colombiana de las últimas tres décadas. En 1991, realizó su ópera prima La gente de La Universal, largometraje cuyas innovaciones estéticas y narrativas lo han convertido en una película de culto del cine nacional siendo considerada, por muchos, como la mejor película en la historia del cine colombiano. Posteriormente, luego de dirigir la serie de televisión Mambo (1994), fue el primer director de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y una pieza clave en el proceso de formulación de la Ley de Cine. Esta experiencia lo mantuvo alejado del set por un buen rato, tiempo durante el cual se desempeñó como consultor, docente universitario y en otros ámbitos culturales del país. Solo hasta 2006, volvería su trabajo como director a la pantalla grande con El Colombian Dream y nueve años después con Tres Escapularios (2015), demostrando en ambas una continua experimentación técnica, estética y narrativa. Estudió Art and Technique of Film Making en Londres. Sus inicios en el mundo cinematográfico se dieron como asistente de producción de Crónica de una muerte anunciada (1987) del italiano Francesco Rosi, asistente de cámara de películas como La Misión (1986) del inglés Roland Joffé, y asistente de dirección en María Cano (1990) de Camila Loboguerrero y Rodrigo D no futuro (1990) de Víctor Gaviria. Su filmografía incluye créditos como jefe de casting local y director de la segunda unidad de El amor en los tiempos del cólera (2007) de Mike Newell, supervisor de producción en Colombia de The Next Three Days (2010) de Paul Haggis y productor ejecutivo de The Lost City of Z (2016) de James Gray.
Libertad y desobediencia

El mundo transita un momento en que sus lógicas y relaciones se reescriben, se rediseñan, se interpelan y viven bajo el escrutinio del reto colectivo. La espiral del conocimiento se tornó obsoleta y estamos deconstruyéndola para armarla de nuevo incorporando nuevas comprensiones y desechando verdades destruidas.

El contrato social de la segunda posguerra, que le había otorgado un rol preponderante en el orden mundial a la hegemonía Anglo Sajona se está deshaciendo desde que sus dos grandes exponentes han optado por una política internacional aislacionista. También estamos en un momento en que la tecnología ha puesto en las manos del individuo herramientas de magnifcación que le permite crear y publicar masivamente narrativas sobre sí mismo, sin necesidad de la intermediación de los grandes medios de comunicación y esto ha inundado el mundo de autorepresentaciones de seres que en otra época estarían condenados al silencio y la invisibilidad y nos ha llevado a la era del hiperindividuo, era que bajo su aspecto egoísta y caótico esconde el tránsito hacia un nuevo orden colectivo.

Los pueblos ganaron voz a través de la tecnología, pero sus voces también pueden ser objeto de manipulación por parte de los dioses de la tecnología y los capitales que los respaldan.

Los individuos sienten que se pueden autorepresentar y no ven tan necesario el ser representados a través de las figuras que sus democracias ofrecen.

Estamos en una época de cambio, de una búsqueda que se viste superfcialmente de desorden, pero que en realidad es la apariencia de la comprensión legítima que ha construido el ser contemporáneo sobre el desplome del orden existente y la necesidad de crear uno nuevo.

Es en ese contexto que el equipo del Festival Internacional de Cine de Cartagena ha enfrentado el reto de proponer nuestra edición 59.

Esta generación cinematográfca nació sin la mordaza tecnológica que nos tocó vivir durante los años de la cámara sacra y la gran peregrinación de vida que debíamos enfrentar para llegar hasta su altar tecnológico y pornerla al servicio de crear nuestra película soñada. Esta generación nació con la cámara en el bolsillo, la ha incorporado a su cotidiano tan profundamente que a veces también la usa como teléfono. La mesa de edición la tienen en cualquiera de sus computadores, portátil o de mesa, y sus pantallas están en el mundo intangible de las redes y a ellas tienen acceso permanente día y noche, para interactuar con contenidos, para recibir y procesar experiencias audiovisuales y para subir sus propias creaciones para que sean disfrutadas por otros.

El aparato de representación audiovisual pasó de las limitaciones del acceso y el volumen modesto de producción a uno de crecimiento frenético en donde se están gestando narradores natos desde la inmediatez de sus teléfonos y computadores, así como consumidores que tienen un menú de imágenes en movimiento tan ancho que carecen de tiempos largos para comprometerse en sus visionados pese a tener acceso inmediato a todos ellos. También existe la excepción maravillosa del tiempo relativo, que cuando se aplica a una gran película de tres horas la hace corta y en cambio hace larga en una hora a otras menos afortunadas.

Todos estos vectores de análisis nos han presentado una sintomatología nueva en nuestra experiencia FICCI de este año. Vimos alrededor de 3000 películas de todas las fuentes y por primera vez en los 59 años de historia del festival, a nuestra plataforma llegaron más de 1000 películas, tuvimos propuestas de 62 países y el comité incorporó en la programación películas de 44 de ellos, duplicamos los recaudos de inscripciones y a nivel de acreditaciones hemos superado todas las cifras de festivales anteriores. El cine es un hecho cultural que palpita con vitalidad y sigue siendo el propósito mayor, vital y único de nuestro festival.

La libertad cinematográfca y la desobedicencia generacional se expresan en este FICCI 59 a partir de historias que reclaman un nuevo orden social, geopolítico, económico, sexual y humano, y que impregnan la amplia latitud temática de las películas que proyectaremos este año. Para eso sirven los festivales de cine, para permitir la visibilidad de las escrituras cinematográfcas que el establecimiento no quiere oir y que relega a través de sus mecanismos de castración industrial, comercial e intelectual. Tenemos cine de Colombia, de Iberomérica y del mundo en sus más plurales temas y expresiones actuales, pero eso no nos ha impedido mirar hacia atrás con nuestra Muestra Clásica ni hacia un futuro audiovisual posible con las instalaciones de Realidad Virtual que tendremos en el escenario único de las Bóvedas de Cartagena.

También hemos incorporado una nueva categoría en donde los cineastas contemporáneos en desobediencia han superado el yugo de un pensamiento cinematográfco férreo y obsolescente para desafar el mito del detrás de cámaras versus el frente a cámaras, y generar un nuevo lenguaje en donde quienes están detrás de cámaras también están frente a ellas protagonizando o haciendo parte de los actores de sus propias películas y por ello el comité ha curado la muestra “La gente que hace cine y lo que el cine le hace a la gente”.

El material allegado nos permitió ver que hay temas que el planeta quiere contar y hemos identifcado muestras como “Cine y adolescencia”, hemos conservado muestras de gran valor que vienen de ediciones pasadas como “Guerra y paz” y hemos puesto una tilde en las dos potencias productoras iberoamericanas al dar un énfasis especial al cine hispano parlante con la Muestra España y al lusitano parlante con la Muestra Brasil.

Hemos recogido voces que nos han llevado a incorporar muestras que reclamaban espacios y que por fortuna este año hemos podido abrir. La Muestra De Indias, Muestra Afro y Muestra Indígena son tres categorías que hemos promovido este año, simbólico que coincida justo con el bicentenario de nuestra independencia, y que tendrán unos espacios de proyección en pantalla, de posibilidades de interacción con la industria y de reflexiones de calidad en la academia.

También nos ocupa la experiencia de los niños en nuestro festival de cine y hemos programado una muestra para ellos, de modo que desde temprana edad entiendan y sientan que el cine les pertenece y que nuestro festival también es un espacio para enriquecer sus vivencias audiovisuales, más robustas y profundas que aquellas que les ofrecen sus juquetes electrónicos, y para que entiendan que el cine es inevitable y que podrá convivir con las nuevas pantallas móviles y de menor escala, de la misma manera que las artes escénicas lograron convivir con el cine y éste a su vez logró hacerlo con la televisión.

En medio de la libertad cinematográfca, irrenunciable y fundamental para que el cine sea pertinente, hemos abierto una muestra especial llamada “Migración y Mestizaje” en donde recogemos títulos que hablan del gran aporte y retos que conllevan las migraciones y las distintas formas de mestizaje que se propician a partir de ella, pues notamos con preocupación que un fenómeno que ha marcado y enriquecido la evolución humana ahora sea asociado a la palabra problema. El problema de la migración no existe. Existen los retos que ella conlleva. La migración y el mestizaje son grandes fuerzas que han dado tracción a la evolución humana. También ha habido migraciones en formato de conquista y opresión que han llevado dolor y exterminio a pueblos enteros, y esa también es una reflexión impostergable para que ojalá se convierta algún día en una práctica irrepetible.

El cine mismo es una forma de mestizaje de las artes, porque los conceptos y la creación también migran y se mestizan. En el cine convergen, la fotografía, las artes escénicas, la literatura, la música, la danza, la pintura, la escultura y tantas otras capas del arte y la tecnología que mestizadas hace más de un siglo crearon un nuevo instrumento que le ha permitido al primate humano indagar con opiniones cinematográfcas sobre su gesta en la tierra, por nuestro origen y nuestro destino, por nuestro propósito, por la razón de nuestra deriva cósmica sobre una roca que flota por el cosmos, y sobre todo le ha permitido a la especie entender que somos tan pequeños y tan insignifcantes en la escala cósmica que no estamos ni cerca de poder responder las preguntas fundamentales sobre la razón de ser de la vida, pero que el cine no está aquí para entregar las respuestas sino para mantener vivas las preguntas.