Diana Bustamante Escobar
Directora Artística

En 2014 asumió la Dirección artística del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias -FICCI- luego de ser su productora general durante dos versiones-. Con una línea editorial que recupera la importancia de la memoria a través de la cinematografía nacional, ibero y latinoamericana, en paralelo, consolida un Festival donde de manera sensible y coherente confluyen el espíritu del cine independiente, con la industria, la academia y un determinante proceso de formación de audiencias. Diana Bustamante es egresada de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia y combina sus roles de productora, directora, escritora y gestora cultural en el ámbito de la cooperación internacional. La tierra y la sombra, Violencia, La sirga, La playa D.C., y Los viajes del viento, son algunas de sus premiadas películas en los principales festivales del mundo.
Palabras de la directora artística Diana Bustamante Escobar sobre el FICCI 57

"Parece existir una fractura, un daño –quizá reparable– en el que nos encontramos todos en una suerte de tránsito. Estamos en el camino, tal vez en el equivocado o el torcido, sin saber hacia dónde vamos, en una grieta por momentos eterna e incurable que nos impulsa hacia algún lugar, a algo parecido al futuro. Un futuro que no se define sin el pasado, como el Dios romano Jano, con una cara hacia lo que fue y otra hacia lo que vendrá, en suma, en el presente.

Y es en este presente iberoamericano, en el continente de la sorpresa, y en sus islas, que siguen tejiendo un lazo indivisible con Portugal y España, en el que se reconocen hoy más que nunca multiplicidad de lenguajes, acentos y particularidades. Las dos caras de una misma región que es también la del asombro cinematográfico; de películas que viajan más allá de los límites físicos, geográficos y “terrenales”, más allá de aquello que se espera que seamos, de nuestros destinos prefigurados. Un nuevo humano habita entre nosotros, como ese ser con branquias del que habla Baricco, un humano que desconocemos, y que no es ni más ni menos que el de antes, solo es diferente. Aquel capaz de conectar desde lo más sensible e incluso místico o metafísico, abierto a todas sus posibilidades y ayudado por una tecnología que llegó para mutarnos como personas y como sociedad y que ha transformado la forma como nos relacionamos. Desde una soledad que se contrapone al anhelo.

Hay un cine iberoamericano que se reconoce espiritual, cósmico, futurista, cotidiano, rudo y melodramático, enfermo y sanador. Contradictorio. Sin fronteras ni límites. En el camino. Este cine me emociona y me sobrecoge por sobre todas las cosas, quizás porque esa idea del ser latinoamericano de Gabo me ha obsesionado siempre. ¿Cómo no sonar cursi y estridente con todo esto? Cómo no serlo siendo lo que somos, cómo negar la emocionalidad que nos sobrepasa tantas veces, pero en la que median miradas torturadas y visionarias. A este ser uno y múltiple que se construye desde las profundas diferencias que nos marcan, es al que este evento se ha dedicado desde la década de 1970.

¡Qué montón de años! No me canso de decirlo. Qué montón de años que el FICCI ha centrado su mirada en lo que antes era difícil de imaginar, pero que aun así se imaginaba tozudamente: un cine iberoamericano divergente y en cambio constante y que es hoy es un cuerpo sólido con vida propia. Películas que dejan huellas profundas en la construcción no solo de una cinematografía local, sino en el desarrollo de una narrativa propia, entendida esta como la manera en que nos contamos, nos definimos y nos visualizamos. ¿Cuáles son nuestras imágenes identitarias, deseadas quizá? La India Catalina, que como imagen y como símbolo nos acompaña este año también nos recuerda la necesidad de entender las imágenes que nuestro pasado ha generado, los símbolos que nos ha dejado, sean cuales fueren; son y hacen parte de lo que somos hoy. Pero ¿cómo hablan? ¿qué nos dicen?

El 2017 se presenta ante nosotros con 78 películas en competencia, entre largos y cortometrajes, que van tejiendo un texto que, de manera sutil, ratifica la imagen que nos acompaña como símbolo este año. El cuerpo, la sensualidad, el misticismo, lo que somos, lo que fuimos, nuestras grietas y nuestras huellas, lo que seremos. Un cine que abre caminos para una nueva idea de utopía cuya forma aún no está clara, pero que nos señala, en sus balbuceos, una narrativa propia, bárbara quizá, que al parecer empezamos a domar.

Los lenguajes que los cineastas de la región reinterpretan y apropian de manera única, expresan la vitalidad de nuestra cinematografía y su papel, ya no secundario ni marginal, en un año maravilloso para el cine mundial. Donde el regreso estilizado y autoconsciente de las formas clásicas nada desmerece de las búsquedas más contemporáneas. Una realidad que parece por momentos vista a través de los ojos de un alienígena. Como desdoblarnos para vernos otra vez. Sí, rotos pero en búsqueda."

Foto: Salvatore Salomone Revista Diners