Maribel Verdú

Maribel Verdú

Pocos oficios como el de la actuación para intentar aquello tan manido de meterse en zapatos ajenos. Pocos terrenos como el del actor para olvidarse de prejuicios y perderle el miedo al mundo y a los otros. Ese miedo con el que se viste el desconocimiento y que nos hace levantar fronteras e izar las distintas banderas de las fobias. Quizás por ello, de tanto andar por el mundo, de tanto trasegar por cinematografías diversas, miradas dispares y personajes opuestos, de tanto ver gentes que para nada son lo que parecen, Maribel Verdú admira abiertamente a Meryl Streep o Annette Bening y en general a toda actriz auténtica, a esas mujeres que no se callan las verdades y que no ocultan el paso y el peso de la vida en sus rostros y en sus miradas. Y es que así, ya cercana a los 50, es ella.

Sensual, sumisa, perversa, glamurosa, vulgar, sirvienta, noble, plebeya, con más de cinco decenas de películas sobre sus espaldas, la hemos visto de casi de todas las maneras imaginables. Si se le pregunta, dice que quizás sean más las veces en las que le ha tocado el papel de heroína anónima, de esa mujer verraca que por más que la vida le ponga zancadillas vuelve y se levanta, si cabe con más ganas, independientemente de que el destino les tenga preparado un final trágico. Le gusta la tragicomedia, o interpretar personajes vulnerables pero cero mártires, mujeres que son capaces de reírse a pesar de los pesares. Y dice que si hubiera de elegir una, es Ángela (Siete mesas de billar francés de Gracia Querejeta, 2007) el personaje que ha interpretado que más se parece a ella.

No es una actriz de método, quizás porque empezó siendo tan niña que no le quedó más remedio que hacerse a sí misma y aprender por el camino. Nacida en Madrid en 1970, debutó con tan sólo 13 años en la reconocidísima serie de televisión La huella del crimen, de la mano de Vicente Aranda. Tras varias actuaciones, fue precisamente Vicente Aranda quien, en Amantes (1991) le dio el papel que la consolidó profesionalmente y le abrió el camino de las nominaciones a los premios Goya. Un camino que ha recorrido más de diez veces haciendo de ella la actriz más nominada en la historia de la academia española. Premios ha recogido muchos, entre ellos el Ariel como mejor actriz en el año 2006 por su memorable actuación en El laberinto del fauno.

El ya mencionado Vicente Aranda, Ricardo Franco (La buena estrella, 97), Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, 2001), Guillermo del Toro (El laberinto del fauno, 2006) y Pablo Berger (Blancanieves, 2012), pero también otros como Fernando Trueba (en Bellè Epoque, 1992, Oscar a mejor película extranjera), o el mismísimo Francis Ford Coppola (Tetro, 2009), no han dudado en contar con el talento y el profesionalismo de una actriz versátil como pocas que, más allá del  cine, ha actuado para series de televisión y web y por supuesto en el teatro, sobre todo en los últimos años.

Con el tiempo es más selectiva, dice, atrás quedó esa época en la que “no tenía más vida” y rodaba cinco o seis películas por año. Ahora, asegura, debe enamorarse de una historia para aceptar un papel. Pero la seguiremos viendo, porque historias en un mundo tan mágicamente diverso, siempre quedará alguna que otra por contarse.